Papatya Dental · Conocimiento
No hace falta que sepa el nombre de la enfermedad. Elija lo que siente y acotamos juntos las causas probables.
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Conforme va marcando, las causas probables se ordenan empezando por las que más coinciden. Las que no pueden esperar se agrupan en un apartado propio.
Causas probables
Marque al menos un síntoma y las causas probables aparecerán aquí.
Esta herramienta no diagnostica. Los síntomas se solapan entre enfermedades; solo una exploración da una respuesta definitiva.
Agrupado por zona. No hace falta que sepa el nombre de la enfermedad. Elija lo que siente y acotamos juntos las causas probables.
La gran mayoría de los casos se originan en la propia boca, por lo que la solución también está ahí.
Una hinchazón que sobrepasa los límites del diente indica que la infección se ha extendido a los tejidos circundantes y requiere valoración en cuestión de horas.
Una mandíbula que duele al despertar y mejora durante el día apunta a un grupo muscular que ha trabajado toda la noche.
Un chasquido indoloro suele vigilarse; el bloqueo no debe dejarse pasar esperando.
La sensación de plenitud y presión en la parte más posterior de la arcada dental suele deberse a una muela del juicio que intenta erupcionar.
La mayoría de las llagas de la boca cicatrizan por sí solas en un plazo de dos semanas. Si una no cicatriza, es el único hallazgo que no debe esperar.
Un sabor metálico o desagradable que no desaparece con el cepillado suele ser un signo de drenaje de pus.
La sequedad no es solo una molestia; es una situación que aumenta a la vez el riesgo de caries y de enfermedad de las encías.
La quemazón percibida sin una lesión visible suele estar relacionada con sequedad, una infección fúngica o una carencia.
El entumecimiento que continúa después de que haya pasado el efecto de la anestesia indica presión sobre un nervio y no es algo que deba esperarse a que se resuelva solo.
Una reducción repentina de la apertura bucal indica que una infección ha llegado a los músculos o que la articulación se ha bloqueado.
Una placa que se desprende al limpiarla y una placa que no se desprende son dos situaciones diferentes. Es importante distinguirlas.
En una parte importante de los pacientes que acuden con dolor de oído y en los que no se encuentra nada en el oído, el origen está en la mandíbula.
Que al presionar la sien o la mejilla se despierte el dolor que ya conoces hace pensar que el origen puede estar en el músculo y no en la articulación de la mandíbula.
El cansancio mandibular que le obliga a parar en mitad de la comida suele tener origen muscular; por encima de cierta edad también puede deberse a una causa vascular.
Que la boca se quede abierta y no cierre puede significar que la cabeza de la mandíbula ha pasado por delante de su cavidad articular y no logra volver, y requiere valoración el mismo día.
Que la mandíbula se desvíe de la línea media al abrir indica que las dos articulaciones mandibulares no se mueven a la vez ni en la misma medida.
Un roce áspero que dura todo el movimiento, y no un chasquido aislado, hace pensar que las superficies de la articulación han perdido su lisura.
Que su mordida, la misma desde hace años, cambie en cuestión de días puede significar que ha cambiado de posición un diente, un hueso o la articulación.
Que después de un golpe cambie la forma en que se encuentran los dientes hace pensar más en un cambio de posición del hueso o de la articulación que en una inflamación muscular.
Después de una extracción el dolor alcanza su punto más alto el primer día y luego disminuye; que vuelva a aumentar o que no disminuya en ningún momento puede indicar que el curso de la cicatrización ha cambiado.
El hueso que queda al descubierto dentro de la boca indica que la cubierta de mucosa se ha abierto y que la zona puede no cerrarse sola.
El líquido ácido que sube a la boca por la noche indica que el contenido del estómago está subiendo; como durante el sueño hay menos saliva, el ácido permanece más tiempo en la boca y puede desgastar la superficie de los dientes.
El dolor de mandíbula que aparece al caminar y no al masticar, y que cede con el reposo, puede tener su origen fuera de la mandíbula; el dolor reflejo del corazón encaja con ese patrón.
Que la saliva se tiña de rosa en las primeras horas es algo esperable; que la boca se llene de sangre en unos minutos y no responda a la presión es otra cosa.
Son islas rojas de borde blanquecino que aparecen cuando las papilas de la superficie de la lengua se borran por zonas; su rasgo más característico es que cambian de sitio.
Los surcos del dorso de la lengua son, en la mayoría de las personas, una forma de la superficie con la que se nace; la pregunta no es el surco en sí, sino si los restos que se acumulan dentro producen molestias.
Es la capa blanquecina que se acumula en la superficie de la lengua y que se levanta en parte al limpiarla con suavidad; que se levante o no es el primer detalle que la separa de las manchas blancas permanentes.
Es un cambio de la superficie que se produce cuando las papilas del dorso de la lengua no se desprenden y se alargan; desde fuera parecen vello y retienen las sustancias que tiñen.
Es un aspecto liso y brillante que aparece cuando se borran las papilas de la superficie de la lengua; la causa se busca la mayoría de las veces no en la boca, sino en la sangre.
Las hendiduras onduladas de los dos lados de la lengua indican que la lengua empuja de forma continua contra los dientes; la marca no está en el dorso, sino en el borde que contacta con los dientes.
Que las aftas se repitan señala menos a una llaga concreta que al terreno que la alimenta; los ciclos que duran meses abren muchos frentes, desde las carencias nutricionales hasta la irritación mecánica.
Una mancha roja de aspecto aterciopelado que no se borra dentro de la boca significa que la capa superficial de la mucosa se ha adelgazado; no es un hallazgo para esperar, sino para valorar.
Unas líneas blancas y finas parecidas a un encaje en la mucosa de la mejilla pueden indicar que la mucosa se engrosa por zonas por una reacción del sistema inmunitario; que no se borren y que la mayoría de las veces estén en los dos lados son sus rasgos reconocibles.
La grieta en las dos comisuras de la boca, a diferencia de la sequedad de labios, la mayoría de las veces persiste porque la saliva que se acumula en ese pliegue reblandece la piel y los microorganismos se instalan allí.
El herpes labial aparece cuando un virus que espera en silencio en la raíz de un nervio se reactiva con determinados desencadenantes; que empiece con hormigueo en el borde del labio es lo que lo distingue de las demás llagas de la boca.
La hinchazón del labio y la lengua que se desarrolla en minutos es distinta de la hinchazón por infección que crece a lo largo de días, y puede estrechar la vía respiratoria.
Que el movimiento de la lengua esté limitado apunta a dos historias distintas: un frenillo de nacimiento, o una hinchazón o un endurecimiento aparecidos después.
La llaga bajo la prótesis suele ser la señal de un punto de presión; que no cierre en dos semanas, en cambio, hace pensar que la explicación no es la prótesis.
La pérdida del gusto es, la mayoría de las veces, un problema no de la lengua sino del olfato o de la saliva que humedece la boca; averiguar cuál de los dos falta marca la dirección.
Una ampolla blanda, transparente o azulada que aparece dentro de la boca se produce la mayoría de las veces porque el conducto de una glándula salival pequeña se lesiona y deja escapar su secreción al tejido de alrededor.
Una masa dura dentro de la boca, que no se mueve de su sitio y que lleva semanas sin reducirse, se valora de forma distinta a una ampolla llena de líquido y a una hinchazón inflamatoria.
El herpes labial forma costra y cierra en unos días; una costra que lleva semanas en el mismo sitio y que se vuelve a formar cada vez que se cae cuenta otra cosa.
Que la fiebre acompañe a llagas extendidas por la boca tiene que ver, la mayoría de las veces, no con la salida de los dientes sino con una infección; en los primeros días lo realmente determinante es si el niño puede o no tomar líquidos.
Un dolor que empieza por sí solo y late como un pulso indica que el nervio del diente ha llegado a un punto irreversible.
La duración del dolor es la pista más fiable para saber qué tejido está afectado.
El movimiento de un diente permanente no es una etapa normal; indica que ha disminuido el soporte que lo sujeta.
El aplanamiento de la superficie dental es un signo de fuerza, no de edad.
Un cambio de color puede ser una tinción superficial o una caries que avanza bajo el esmalte.
Que el dolor aparezca al morder o al soltar aporta mucha información sobre el problema al que se enfrenta.
Que la comida se quede atrapada siempre en el mismo punto indica que el contacto entre dos dientes se ha alterado, y la causa suele poder repararse.
Que el color proceda del exterior o del interior determina qué tratamiento funcionará.
Que unos dientes que han permanecido en el mismo lugar durante años empiecen a moverse indica que ha cambiado el soporte que los sujeta.
Un diente que duele cuando cambia la presión suele delatar un diente que ya tenía un problema y que en tierra permanece callado; el momento del vuelo en que empieza el dolor ayuda a acotar el origen.
Un diente que se sale de su sitio, se rompe o se mueve por un golpe es una de las pocas urgencias reales de la odontología; en el resultado influye tanto lo que haga como el tiempo que tarde en hacerlo.
Los ganglios linfáticos de debajo de la mandíbula y del cuello aumentan de tamaño cuando responden a una infección cercana; que el ganglio duela y se mueva refleja, en la mayoría de los casos, esa respuesta.
Que no duela no es una señal tranquilizadora; un bulto en el cuello que es duro, no se mueve de su sitio y dura más de tres semanas es por sí solo un hallazgo que debe valorarse.
El cuello y la mandíbula comparten la misma cadena muscular; la mayoría de las veces el cuello agarrotado tiene un origen muscular, pero los signos que lo acompañan pueden cambiar el cuadro por completo.
Que el dolor de garganta se quede solo en un lado orienta más hacia un diente, una encía o una amígdala de ese lado que hacia un resfriado.
La dificultad para tragar puede ser el primer aviso de que una hinchazón de la zona de la boca y el cuello está empezando a estrechar la vía respiratoria; este síntoma no se maneja vigilándolo en casa.
Esta sensación, que no impide tragar y se nota más entre comidas, la mayoría de las veces no describe un objeto real en la garganta, sino una sensación que nace del músculo y de la mucosa.
Una ronquera que pasa de tres semanas hace pensar en un cambio de las cuerdas vocales que conviene mirar; la ronquera que deja un resfriado no dura tanto.
Que la hinchazón del cuello venga con fiebre indica que una infección de la boca puede haber salido de su zona, y no es un cuadro para vigilar esperando.
Los pequeños grumos blancos que salen a la boca al toser o por sí solos se forman, por lo general, al compactarse los restos que se acumulan en los pliegues estrechos de la superficie de las amígdalas.
El ronquido es el sonido que se produce cuando la vía respiratoria se estrecha durante el sueño y los tejidos blandos vibran; el volumen del sonido, por sí solo, no indica la magnitud del problema.
Una pausa respiratoria que ha visto otra persona es la señal más fuerte de que la vía respiratoria se cierra del todo durante un rato mientras duerme.
Despertarse como si se ahogara o con falta de aire es la situación en la que el momento en que la vía respiratoria se cierra lo percibe usted mismo.
Tener sueño durante el día a pesar de dormir las horas suficientes hace pensar en un problema de calidad del sueño, no de cantidad.
Respirar por la boca en lugar de por la nariz indica que ha quedado fuera de juego la vía que calienta, humedece y filtra el aire; sus consecuencias se ven primero dentro de la boca.
La sequedad de boca que aparece solo por la mañana hace pensar que ha respirado por la boca durante toda la noche y que la vía respiratoria puede haberse estrechado mientras dormía.
El ruido de rechinar no lo oye usted, sino quien duerme a su lado; ese ruido indica que su mandíbula trabaja por su cuenta durante la noche y que los dientes rozan entre sí.
En un niño, roncar toda la noche y dormir con la boca abierta indica que el aire no pasa bien por la nariz; esta situación también puede influir en el desarrollo de los maxilares.
Una obstrucción nasal que se mantiene siempre en el mismo lado cuenta algo distinto de la que afecta a los dos lados; su origen puede estar en la fosa nasal, pero también en las muelas superiores.
El moco que baja por la parte de atrás de la garganta puede acompañarse de carraspeo constante, náuseas por la mañana y mal aliento.
Una secreción nasal maloliente y que la mayoría de las veces sale por un solo lado no es como un resfriado corriente; su origen puede ser un diente vecino al seno maxilar.
La presión facial que aumenta al inclinarse hacia delante, al toser o al tumbarse obliga a buscar el origen del dolor más en las cavidades de aire de la cara que en un diente.
Notar el oído lleno o con presión no siempre viene del propio oído; el origen puede estar en la trompa de Eustaquio o en la articulación de la mandíbula, que queda justo delante.
Oír un sonido que no tiene ninguna fuente fuera de usted: el origen se busca primero en la vía auditiva, y el peso de la articulación de la mandíbula no es tan grande como se supone.
Que el líquido pase de su boca a la nariz hace pensar, la mayoría de las veces, en una comunicación que no se ha cerrado entre la cavidad bucal y el seno maxilar.
La sien es el lugar donde se asienta un músculo potente de la masticación; por eso el dolor de sienes tiene que ver, la mayoría de las veces, tanto con el dolor de cabeza como con la forma en que usas la mandíbula.
Que el dolor esté ahí nada más despertarte indica que lo que lo produce puede tener que ver menos con lo que pasa durante el día y más con lo que pasa mientras duermes.
Cuando a un dolor pulsátil de un solo lado se le suman la molestia con la luz y con el ruido, el cuadro se aleja de un dolor de origen dental y apunta en otra dirección.
Una sensación de presión que rodea la cabeza, que no late y que afecta a los dos lados a la vez hace pensar más en una tensión muscular que en un dolor de origen vascular.
El dolor alrededor del ojo no siempre viene del ojo; los dientes del maxilar superior, los senos y algunos tipos de dolor de cabeza también pueden enviar su dolor a esa misma zona.
Toda cara es asimétrica en alguna medida; lo importante no es que exista la diferencia, sino que sea nueva o que se esté haciendo cada vez más visible.
Un dolor de unos segundos en un lado de la cara, parecido a una descarga eléctrica, la mayoría de las veces no viene del diente, sino del nervio que lleva la sensibilidad de la cara.
El efecto de la anestesia se pasa normalmente en unas horas. Un adormecimiento que llega al día siguiente ya no tiene que ver con la duración del medicamento, sino con el estado del nervio.
Un adormecimiento que afecta solo a un lado de la lengua tiene que ver con el nervio que lleva la sensibilidad de ese lado; el hormigueo que afecta a los dos lados a la vez cuenta otra historia.
Que un lado de la cara se caiga de repente no es un hallazgo esperable; lo primero es descartar en urgencias la posibilidad de un ictus.
El espasmo es una contracción breve del músculo por su cuenta. No es una pérdida de fuerza y la mayoría de las veces no tiene que ver con la mandíbula, sino con el cansancio o con el nervio.
El lagrimeo de un ojo y el taponamiento de una fosa nasal que llegan a la vez que el dolor indican por qué camino viene ese dolor; no son un acompañante esperable del dolor de muelas.
Una hinchazón que aparece bajo la mandíbula al empezar a comer y que baja sola al cabo de un rato es una descripción conocida: indica que la saliva no consigue salir por el conducto.
La hinchazón de delante de la oreja puede venir de la glándula salival más grande de la cara; como esa glándula se extiende por encima de la articulación de la mandíbula, la molestia se confunde a menudo con un problema de la articulación.
El cambio en la consistencia de la saliva es una señal de que está disminuyendo, y llega antes de que notes la boca seca, aunque no sea fácil darse cuenta.
Que dos grupos de glándulas distintos se sequen en la misma época hace pensar, más que en dos casualidades, en una causa común que afecta al conjunto de las glándulas.
Que por la salida del conducto salga un líquido turbio y amarillento en lugar de saliva transparente es un dato directo de que el contenido de la glándula salival se ha infectado.
La sangre al cepillarse es casi siempre un signo de inflamación, no de cepillarse demasiado fuerte.
La encía sana es de color rosa pálido y firme. El enrojecimiento y la hinchazón indican que el tejido está respondiendo con inflamación.
El diente no crece; la encía se retrae y deja visible una superficie radicular que antes estaba cubierta.
Si le ocurre alguna de estas cosas, no espere a la cita; acuda el mismo día.
Si tiene dificultad para tragar o respirar, acuda al servicio de urgencias más cercano.
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