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Me duele la mandíbula al caminar y se me pasa al descansar

El dolor de mandíbula que aparece al caminar y no al masticar, y que cede con el reposo, puede tener su origen fuera de la mandíbula; el dolor reflejo del corazón encaja con ese patrón.

¿Qué significa esto?

La mayor parte de los dolores de mandíbula se relaciona con el uso de la mandíbula: aumentan al masticar, al bostezar y al abrir mucho la boca, y se alivian con el reposo. El dolor que aparece con el esfuerzo no encaja con ese patrón. Empieza al subir una cuesta o unas escaleras, al caminar deprisa con frío o al cargar peso, y en ese momento usted no está usando la mandíbula en absoluto. Al pararse y esperar unos minutos, se pasa.

Lo que diferencia es que el desencadenante no sea la masticación sino el esfuerzo físico, y que ceda con el reposo. El dolor que aparece cuando el músculo del corazón no recibe la sangre que necesita puede salir del pecho e irradiarse a la mandíbula, al cuello, al brazo izquierdo o a la espalda. En algunas personas no hay dolor torácico en ningún momento y la única molestia es el dolor de mandíbula; esta forma de presentarse se ve con más frecuencia en las mujeres, en las personas de edad avanzada y en las personas con diabetes.

Hay un cuadro vecino con el que no conviene confundir este signo: el cansancio de la mandíbula al masticar que obliga a hacer una pausa. Allí el desencadenante es la masticación misma y lo primero que se piensa es en fatiga muscular; por encima de los cincuenta años existe además la posibilidad de una inflamación del vaso que recorre la sien, y ese cuadro puede amenazar la visión. La pregunta que separa las dos situaciones es sencilla: ¿lo que desencadena el dolor es su mandíbula o es caminar?

El dolor de mandíbula que aparece con el esfuerzo y cede con el reposo tiene algo poco habitual: el origen puede no estar en la mandíbula. El primero de los apartados siguientes es una posibilidad que no admite espera; los demás son necesarios para hacer la distinción.

Causas probables

¿Qué ayuda en casa?

  • Si el dolor empieza durante el esfuerzo, no continúe; pare, siéntese y observe si el dolor cede con el reposo
  • No intente resolver este dolor con analgésicos ni con un tratamiento dental; un procedimiento hecho sin conocer la causa solo hace perder tiempo
  • Anote con qué esfuerzo empieza el dolor, en cuántos minutos se pasa y si lo acompañan signos como sudoración, falta de aire o náuseas
  • No vaya usted solo conduciendo a la valoración; si el dolor se repite durante el esfuerzo, alguien debe acompañarle
Cuándo no esperar
  • Si el dolor se acompaña de presión en el pecho, falta de aire, sudor frío o náuseas, llame al 112 sin perder tiempo
  • Si el dolor no cede con el reposo y dura más de veinte minutos
  • Si el dolor se irradia además al brazo izquierdo, al cuello o a la espalda
  • Si el dolor ha empezado a aparecer con menos esfuerzo y con más frecuencia
  • Si tiene más de cincuenta años y la mandíbula se le cansa al masticar hasta obligarle a parar, y esto se acompaña de dolor en la sien o de visión borrosa, debe valorarse el mismo día

Preguntas frecuentes

¿Puede tener relación con el corazón un dolor de mandíbula?
Puede tenerla. La señal que procede del corazón puede sentirse fuera del pecho, también en la mandíbula, el cuello, el hombro y el brazo izquierdo; a esto se le llama dolor referido. Un dolor de mandíbula que aparece solo con el esfuerzo y cede con el reposo, sin ningún hallazgo en los dientes ni en la articulación de la mandíbula, hace pensar en esa posibilidad.
¿Debo ir primero al dentista o al cardiólogo?
Si el dolor empieza durante el esfuerzo y cede con el reposo, la prioridad es la valoración cardiológica. Si se acompaña de presión en el pecho, falta de aire o sudor frío, hay que acudir a urgencias. El estudio de los dientes y de la articulación de la mandíbula viene después, una vez descartada esa posibilidad; las dos cosas no se persiguen a la vez.
¿Son lo mismo la mandíbula que se cansa al masticar y la que duele con el esfuerzo?
No son lo mismo. La mandíbula que se cansa al masticar hasta obligar a parar tiene que ver con el flujo de sangre del propio músculo masticador y, por encima de los cincuenta años, puede ser el primer signo de una inflamación del vaso que recorre la sien. El dolor que aparece al caminar, en cambio, tiene su origen fuera de la mandíbula; los dos casos corresponden a especialidades distintas.

Este contenido es informativo y no sustituye una exploración presencial. Los síntomas se solapan entre enfermedades; el diagnóstico solo puede hacerse clínicamente.

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