¿Qué es?
El traumatismo dental es el nombre común del daño que produce un golpe brusco en un diente y en los tejidos que lo rodean. Abarca desde una pequeña muesca en el esmalte hasta la salida completa del diente de su alvéolo. En el mismo golpe pueden haberse lesionado también el labio, la lengua, la encía, el ligamento que une el diente al hueso y el propio hueso maxilar.
El daño visible, la mayoría de las veces, no es todo el daño. Aunque el diente siga en su sitio y entero, el ligamento que rodea la raíz puede haberse aplastado y el paquete de vasos y nervios que entra en el diente puede haberse estirado. Por eso, que no tenga dolor después del golpe no significa que no haga falta una revisión; algunas consecuencias del traumatismo aparecen semanas, incluso meses después.
Aquí el tiempo pesa tanto como el tratamiento. Cuando un diente definitivo se sale del todo, el tiempo que las células de la superficie de la raíz siguen vivas se mide en minutos, y cada minuto que el diente pasa seco fuera de la boca reduce la probabilidad de que vuelva a sujetarse una vez recolocado. Los dientes de leche se valoran aparte: por el riesgo de dañar el germen del diente definitivo que está debajo, por lo general no se considera adecuado volver a colocarlos en su sitio.
Signos
No es necesario tenerlos todos a la vez.
¿Por qué ocurre?
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Caídas y golpes
La causa más frecuente de los traumatismos faciales es la caída. En niños que empiezan a andar, durante el juego y en las caídas por pérdida de equilibrio a edades avanzadas, el golpe suele recaer en los incisivos superiores, porque son los dientes que están más adelante en la arcada y los que menos protege el labio.
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El deporte y los vehículos con ruedas
Los deportes de contacto, los deportes de combate y los accidentes con bicicleta, monopatín y patinete suponen un riesgo claro. En estos accidentes, a la fractura del diente puede sumarse una herida en el labio; a veces el fragmento roto queda dentro del tejido del labio, y eso se busca de forma expresa.
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Accidentes de tráfico, accidentes laborales y agresiones
En las lesiones de alta energía el daño no se limita a un solo diente. Pueden coincidir fracturas y desplazamientos en varios dientes, una fractura del hueso maxilar y una alteración de la mordida. En estos casos se valora primero la posibilidad de una lesión en la cabeza y de una fractura de los maxilares.
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Situaciones que hacen que un diente se rompa con más facilidad
Los dientes con empastes grandes, muy destruidos por la caries o que ya han recibido una endodoncia pueden romperse incluso con un golpe pequeño. Que los dientes de delante estén claramente inclinados hacia fuera y que los labios no los cubran del todo también facilita que el golpe llegue directamente al diente.
¿Cómo avanza?
- Fractura
La rotura del tejido dental
La forma más superficial es la fractura del esmalte: queda una pequeña muesca en el diente y en general no duele. Cuando la fractura llega a la dentina, empieza una sensibilidad marcada al calor, al frío y al aire. Si la fractura llega a la pulpa, es decir, al tejido con vasos y nervios del diente, se ve un punto rosado o rojo en la superficie de la rotura. La fractura también puede estar por debajo de la encía, en la raíz; eso solo se aprecia con una radiografía.
- Desplazamiento
El diente sigue en su sitio, pero está golpeado o desplazado
En la concusión el diente no se mueve, solo está sensible al tocarlo y al morder. En la subluxación el diente se mueve y puede sangrar por el borde de la encía. El diente puede haber salido parcialmente de su alvéolo, haberse desplazado hacia un lado o haberse hundido dentro del hueso. El signo común de todas estas situaciones es el cambio de la mordida: si sus dientes ya no cierran como antes, es posible que uno haya cambiado de posición.
- Salida completa
El diente se separa por completo de su alvéolo
Esta situación, llamada avulsión, es aquella en la que el tiempo resulta más crítico en un diente definitivo. En la superficie de la raíz hay células vivas que unen el diente al hueso; cuando esas células se secan, disminuye la probabilidad de que el diente vuelva a sujetarse. El tiempo que el diente pasa fuera de la boca y cómo se ha conservado durante ese tiempo son los dos factores que pesan incluso antes que el tratamiento.
- Diente de leche
Traumatismo de un diente de leche en el niño
En el traumatismo de un diente de leche, la pregunta principal no es el propio diente, sino el germen del diente definitivo que se está formando justo debajo. Por eso un diente de leche que se ha salido no se vuelve a colocar, y en un diente de leche hundido en el hueso lo que predomina es la observación. El efecto del golpe puede verse años después como un cambio de color o de forma en el diente definitivo; por eso se cita al niño a revisiones espaciadas durante meses.
¿Cómo se trata?
Lo que se hace en los primeros minutos forma parte del tratamiento. Sujete el diente definitivo que se ha salido solo por la corona, es decir, por la parte que se ve en la boca; no frote la superficie de la raíz, no la cepille ni la limpie con un pañuelo. Si el diente está sucio, puede enjuagarse unos segundos con leche o con suero fisiológico. Si es posible, se coloca despacio en su propio alvéolo y se mantiene presionando con suavidad con un paño limpio. Si esto no es posible, el diente se guarda en leche, en suero fisiológico o en la propia saliva de la persona; dejarlo en agua del grifo daña las células de la superficie de la raíz. Después hay que acudir al dentista sin demora.
En la clínica se determina primero el alcance del golpe. Se valoran la movilidad de los dientes, la mordida, los tejidos blandos y el hueso maxilar; cuando hace falta se hacen radiografías y, si hay heridas en el labio, se busca si ha quedado dentro algún fragmento. Los dientes desplazados pueden recolocarse y fijarse durante un tiempo a los dientes vecinos con una férula flexible. En las fracturas, el tejido que falta puede reconstruirse con material de obturación y, si se ha conservado el fragmento roto, en algunos casos puede pegarse en su sitio. Si la fractura ha llegado a la pulpa, se plantea recubrirla, retirar una parte de ella o hacer una endodoncia. También se pregunta por el estado de su vacuna del tétanos.
Un diente que ha sufrido un traumatismo no es un asunto que se cierre en una sola cita. En las revisiones se valoran a intervalos determinados la vitalidad del diente, su color, su movilidad y el hueso alrededor de la raíz; ese seguimiento se mide la mayoría de las veces en meses y, en algunos casos, en varios años. Después del golpe puede ocurrir que el nervio pierda la vitalidad, que el diente se oscurezca o que aparezca una reabsorción en la raíz. Cuando esto se detecta pronto, las opciones disponibles son más amplias; por eso se pide que no se salte las citas de revisión aunque sus molestias hayan desaparecido.
- Si un diente definitivo se ha salido por completo; aquí los minutos cambian el resultado.
- Si el diente se ha hundido en el hueso, se ha desplazado hacia un lado o, después del golpe, sus dientes ya no cierran como antes.
- Si en la superficie de la fractura hay un punto rosado o rojo, o un sangrado en forma de rezumado.
- Si después del golpe hay pérdida de conocimiento, vómitos, visión borrosa o sangrado por el oído o por la nariz; en ese caso se acude primero a urgencias.
¿Cómo se previene?
- Utilice un protector bucal en los deportes de contacto y en los deportes de combate; los que se fabrican a medida a partir de un molde se sujetan mejor en la boca, aunque uno prefabricado siempre es mejor que no llevar ninguno.
- Lleve casco cuando use bicicleta, monopatín o patinete; en los niños, los modelos con mentonera también apartan los dientes de delante de la trayectoria del golpe.
- Use el cinturón de seguridad en el coche y, en los niños, la silla adecuada a su edad en todos los trayectos; en casa, reduzca las causas de caída, como los suelos resbaladizos, las escaleras con objetos y la iluminación insuficiente.
- En los niños con los dientes de delante muy inclinados hacia fuera y con labios que no los cubren, el riesgo de traumatismo es uno de los puntos que se comentan en la valoración de ortodoncia.
Preguntas frecuentes
- ¿En qué debo traer el diente que se ha salido?
- El diente puede transportarse en leche, en suero fisiológico o en la propia saliva; si es posible, lo preferible es colocarlo en su alvéolo y venir así. El agua del grifo no sirve, porque daña las células de la superficie de la raíz. No frote la raíz ni raspe el tejido que lleva adherido. Como los dientes de leche no se vuelven a colocar, en los niños no se espera el paso de recolocar el diente en su alvéolo; aun así, traiga consigo el diente que se ha salido.
- Mi diente sigue en su sitio y no me duele, ¿aun así hace falta revisarlo?
- Sí hace falta. En el momento del golpe pueden haberse lesionado los vasos y el nervio que entran en el diente, y los signos de esto pueden no aparecer enseguida. En la primera revisión se registra el estado del diente ese día; en las revisiones siguientes, los cambios de color, la pérdida de vitalidad o las alteraciones en la raíz se valoran comparándolos con ese registro. Si no hay un registro inicial con el que comparar, resulta más difícil distinguir los problemas que aparecen tarde.
- He guardado el fragmento roto, ¿se puede aprovechar?
- En algunas fracturas el fragmento desprendido puede pegarse en su sitio. Es importante que no se seque: tráigalo en leche o en suero fisiológico, dentro de un recipiente cerrado. Si el fragmento no encaja o se ha partido en trozos muy pequeños, el tejido que falta puede reconstruirse con material de obturación. Que lo haya traído no significa que en todos los casos se vaya a pegar; la decisión se toma según dónde esté la fractura, hasta dónde llegue y cómo esté la pulpa.
Este contenido es informativo y no sustituye una exploración presencial. Los síntomas se solapan entre enfermedades; el diagnóstico solo puede hacerse clínicamente.
