¿Qué es?
El dolor que aparece cuando el músculo del corazón no recibe sangre suficiente no siempre se nota en el pecho. La señal que llega del corazón se encuentra en la médula espinal, al mismo nivel que las vías nerviosas que vienen de la cara y de la mandíbula; el cerebro puede no distinguir de dónde viene el dolor. Por eso el dolor se siente en el maxilar inferior, en el cuello, en el brazo o en la espalda.
Este dolor tiene rasgos que lo separan del dolor dental. No puede señalarse con el dedo un diente concreto, es difuso y puede ser de los dos lados. No empieza con el calor, el frío o la masticación, sino con el esfuerzo: andar, subir escaleras, levantar peso; y cede tras unos minutos de reposo. Pueden acompañarlo sudor, náuseas, falta de aire y malestar general.
En las mujeres, en las personas con diabetes y a edades avanzadas, el infarto puede cursar sin el dolor de pecho típico; la primera consulta puede ser al dentista. Por eso, en un dolor de mandíbula que aparece con el esfuerzo, si la exploración de la boca no explica el dolor, el origen cardíaco se considera prioritario hasta que se descarte.
Signos
No es necesario tenerlos todos a la vez.
¿Por qué ocurre?
- 01
Estrechamiento de las arterias del corazón
El estrechamiento de las arterias que alimentan el corazón hace que no pueda cubrirse el aumento de la necesidad de oxígeno durante el esfuerzo. El dolor aparece con el esfuerzo y cede con el reposo; a este cuadro se le llama angina estable.
- 02
Obstrucción brusca de la arteria
La formación de un coágulo sobre una arteria ya estrechada puede cortar el flujo por completo. Esta vez el dolor no cede con el reposo, va en aumento y el músculo del corazón empieza a dañarse en cuestión de minutos.
- 03
El dolor que se siente en el lugar equivocado
La señal nerviosa que llega del corazón y la que llega del maxilar inferior se reúnen en la misma zona de la médula espinal. Por esa coincidencia, el cerebro no distingue el origen y sitúa el dolor en la mandíbula, en el brazo o en el cuello.
- 04
El terreno que aumenta el riesgo
La tensión alta, la diabetes, el colesterol alto, el tabaco y los antecedentes familiares de enfermedad cardíaca precoz elevan la probabilidad. Si existe ese terreno, un dolor de mandíbula que aparece con el esfuerzo se mira con sospecha antes.
¿Cómo avanza?
- Con esfuerzo
Dolor que empieza al andar y cede al descansar
El dolor aparece a un determinado nivel de esfuerzo, cede con unos minutos de reposo y se repite de forma parecida cada vez. Ese patrón hace pensar en un origen cardíaco y exige una valoración programada en Cardiología.
- Cambiante
Dolor que aparece con menos esfuerzo y tarda más en pasar
Si el mismo dolor empieza a aparecer con un esfuerzo menor y a durar más, el cuadro se ha vuelto inestable. No se espera el turno de la cita; hace falta una valoración el mismo día.
- En reposo
Dolor que aparece en reposo y no cede
Si el dolor empieza sin ningún esfuerzo, pasa de veinte minutos o se acompaña de sudor, náuseas y falta de aire, es una urgencia. No se espera, se llama al 112.
¿Cómo se trata?
En este cuadro la tarea del dentista no es tratar, sino reconocer y derivar. Cuando se comprueba que el dolor aparece con el esfuerzo y cede con el reposo, y la exploración de la boca no da ningún hallazgo que lo explique, el tratamiento dental previsto se aplaza. Aquí el papel de la clínica se limita a darse cuenta y a enviar a la dirección correcta.
Si el dolor sigue en ese momento, si ha pasado de veinte minutos o si se acompaña de sudor, náuseas y falta de aire, se llama al 112; el paciente no se pone en camino con su propio coche. En urgencias se hacen un electrocardiograma y análisis de sangre en los primeros minutos. Aunque el dolor haya pasado, la valoración de Cardiología no se aplaza.
En Cardiología se decide con la prueba de esfuerzo, el ecocardiograma y, si hace falta, la coronariografía; el tratamiento puede ser con medicación, con stent o quirúrgico. Si la valoración del corazón no muestra ningún problema, se vuelve a plantear un origen dental, muscular o de la articulación de la mandíbula. El orden es ese, y no al revés.
- Dolor de mandíbula o de pecho que pasa de veinte minutos y no cede con el reposo
- Que al dolor se sumen sudor frío, náuseas y falta de aire
- Que el dolor se extienda al brazo, al cuello, a la espalda o a la boca del estómago
- Sensación de desmayo, palpitaciones y debilidad de aparición brusca
¿Cómo se previene?
- No tome por dolor de muelas un dolor de mandíbula que aparece con el esfuerzo ni lo aplace; si la exploración de la boca no lo explica, hace falta una valoración de Cardiología.
- Haga con regularidad el seguimiento de la tensión, el azúcar y el colesterol; esos tres son el terreno más conocido de la enfermedad cardiovascular.
- Dejar de fumar es uno de los primeros pasos para reducir el riesgo de obstrucción de las arterias.
- Diga en cada cita dental la enfermedad cardíaca que tenga y los medicamentos que toma; el plan del tratamiento se establece en función de eso.
Preguntas frecuentes
- ¿Si el dolor viene del corazón, por qué tengo sensibilidad en el diente?
- En el dolor de origen cardíaco los dientes suelen estar normales. Aunque se note sensibilidad, no puede señalarse con el dedo un solo diente, y el frío, el calor o la masticación no cambian el dolor de forma evidente. En el dolor de origen dental, en cambio, la relación con el estímulo es clara.
- ¿Se me ha pasado el dolor, aun así debo acudir al médico?
- Sí. Un dolor que aparece con el esfuerzo y cede con el reposo puede ser el aviso de un estrechamiento arterial. Que el dolor haya pasado no indica que la causa haya desaparecido; la valoración no debe aplazarse y conviene conseguir una cita de Cardiología en poco tiempo.
- ¿Qué pasa si este dolor empieza durante un tratamiento dental?
- Se detiene el procedimiento, se valora el estado del paciente y, si hace falta, se llama al 112. No es correcto dar un analgésico y seguir con el tratamiento; en este cuadro es esperable que el tiempo perdido se convierta en un daño permanente en el músculo del corazón.
Este contenido es informativo y no sustituye una exploración presencial. Los síntomas se solapan entre enfermedades; el diagnóstico solo puede hacerse clínicamente.
