¿Qué es?
En la superficie de las amígdalas hay unos pliegues llamados criptas. En ellos se acumulan restos de comida, células descamadas, saliva y bacterias; con el tiempo se endurecen y se convierten en fragmentos blancos o amarillentos que pueden llegar al tamaño de una lenteja. Se llaman cálculos amigdalinos o tonsilolitos. En sí mismos no son una infección.
Muchas personas que los tienen no notan ninguna molestia y el hallazgo es casual. Cuando aparecen molestias, lo que más se describe es mal olor del aliento, la sensación de tener algo clavado en la garganta y, de vez en cuando, fragmentos malolientes que caen a la boca. La fiebre alta y el dolor de garganta intenso no son hallazgos esperables en este cuadro; hacen pensar más bien en una amigdalitis.
Este tema interesa a la clínica dental por el mal aliento. En una parte de las personas que consultan por el olor, la molestia continúa después de la exploración de la boca, la limpieza dental y el cuidado de la lengua. En ese caso el origen puede estar fuera de la boca, en las amígdalas. La odontología no trata este cuadro; valora y descarta las causas que están dentro de la boca y deriva.
Signos
No es necesario tenerlos todos a la vez.
¿Por qué ocurre?
- 01
La forma de las criptas amigdalinas
En las amígdalas con criptas profundas y numerosas los restos se acumulan con más facilidad. Esta característica anatómica varía de una persona a otra y ayuda a explicar por qué en algunas los cálculos se repiten.
- 02
Amigdalitis de repetición
Después de infecciones repetidas las criptas pueden ensancharse y la superficie volverse irregular. Ese cambio crea un terreno más propicio para la acumulación y contribuye a que la molestia se mantenga.
- 03
Goteo posnasal
Que la secreción procedente de la nariz y de los senos pase por la zona de las amígdalas puede aumentar la acumulación. Ese mismo goteo es, además, una de las causas frecuentes del mal aliento por sí solo.
- 04
Boca seca y poca saliva
Cuando disminuye el efecto de lavado de la saliva, los restos permanecen más tiempo en las criptas. Respirar por la boca, algunos medicamentos y los problemas de las glándulas salivales pueden agravar esa sequedad.
¿Cómo avanza?
- Silencioso
Cálculo que no da molestias
Se ve por casualidad en una exploración. No hay olor, ni pinchazo, ni sensación de algo clavado; en ese caso puede que no haga falta ninguna actuación sobre el cálculo.
- Con olor
Cálculo que cursa con mal aliento
La única molestia es el mal olor del aliento y de la boca. Los fragmentos caen a la boca al toser o por sí solos, el olor disminuye un tiempo y después vuelve.
- Cuerpo extraño
Cálculo que da sensación de algo clavado
Un cálculo que ha crecido puede dar pinchazo al tragar y sensación de algo clavado en la garganta. En algunas personas la molestia se irradia hacia el oído.
- Recurrente
Cálculo que se rehace continuamente
Vuelve a formarse poco después de haberlo limpiado; de vez en cuando se añaden episodios de infección. En este grupo las opciones definitivas se hablan con el otorrinolaringólogo.
¿Cómo se trata?
El médico al que hay que acudir en este cuadro es el otorrinolaringólogo. Los cálculos amigdalinos no se resuelven con un tratamiento odontológico; la limpieza dental, un empaste, una endodoncia o los enjuagues no cambian el resultado si el origen del olor está en las amígdalas. El papel de la clínica dental en este cuadro es valorar y descartar las causas del olor que están dentro de la boca, es decir la inflamación de las encías, las caries, la acumulación en el dorso de la lengua y la higiene de la prótesis, y derivar.
En la consulta de otorrinolaringología las amígdalas se valoran viéndolas directamente; si se considera necesario se hace una exploración con endoscopio. En los cálculos que no dan molestias suele bastar con el seguimiento. Los cálculos visibles pueden limpiarse allí mismo. En los casos que se repiten a menudo y afectan a la vida diaria pueden plantearse procedimientos sobre las criptas o la extirpación de las amígdalas; esa decisión y su momento los toma el médico correspondiente.
Conviene tener cuidado con las maniobras por cuenta propia. Hurgar en la amígdala con objetos duros y puntiagudos puede provocar sangrado y daño en el tejido; la superficie dañada puede quedar más propicia para una nueva acumulación. También es razonable consultar con su médico antes de probar métodos más suaves, como los enjuagues.
- Si una de sus amígdalas se mantiene continuamente más grande que la otra
- Si le sangra la garganta
- Si tiene dolor de garganta de un solo lado o dificultad para tragar durante semanas
- Si se ha añadido un bulto duro, indoloro y persistente en el cuello
¿Cómo se previene?
- No reduzca la cantidad de agua que bebe a lo largo del día; que la boca esté seca facilita la acumulación.
- Limpie con regularidad el dorso de la lengua con un limpiador blando; así podrá distinguir qué parte del olor viene de dentro de la boca.
- Si tiene goteo posnasal o congestión nasal persistente, hágalo valorar aparte.
- No manipule la amígdala con objetos duros.
Preguntas frecuentes
- ¿Mi mal aliento se debe a los cálculos amigdalinos?
- Sin una exploración no puede darse una respuesta segura. La mayor parte del mal aliento procede de causas que están dentro de la boca, como la acumulación en el dorso de la lengua y la inflamación de las encías. Si esas causas se valoran y se resuelven y el olor continúa, entran en juego orígenes de fuera de la boca, como las amígdalas, el goteo posnasal y el aparato digestivo.
- ¿Puedo sacarme yo los cálculos?
- Los fragmentos pequeños que se ven caen la mayoría de las veces al toser o por sí solos. Hurgar con objetos duros conlleva riesgo de sangrado, dolor y daño en el tejido; tampoco impide que el cálculo vuelva a formarse. Si la molestia continúa, es más seguro dejar la valoración en manos del otorrinolaringólogo.
- ¿Hace falta quitar las amígdalas?
- Esa decisión es del otorrinolaringólogo y no se toma para todo el mundo. En los cálculos que no dan molestias no suele hacer falta ninguna actuación. En situaciones como las infecciones de repetición o un olor continuo que afecta a la vida diaria, las opciones se valoran junto con el médico.
Este contenido es informativo y no sustituye una exploración presencial. Los síntomas se solapan entre enfermedades; el diagnóstico solo puede hacerse clínicamente.
