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Frenillo lingual corto (anquiloglosia)

Que el frenillo de debajo de la lengua sea corto o esté muy cerca de la punta no siempre causa problemas. La decisión no se toma por el aspecto, sino según si la lactancia, el habla y el movimiento de la lengua están realmente afectados.

¿Qué es?

La anquiloglosia consiste en que la membrana que une la parte de abajo de la lengua con el suelo de la boca sea corta, gruesa o esté demasiado cerca de la punta de la lengua. Está presente desde el nacimiento y por sí sola no se considera una enfermedad. Lo determinante no es el aspecto del frenillo, sino cuánto puede moverse realmente la lengua.

En la valoración se observa si la lengua llega al paladar, si puede desplazarse hacia los lados, si puede pasar por delante de los dientes inferiores y si la punta se escota en forma de corazón al sacarla. En el bebé se añaden los datos de la alimentación: se valoran en conjunto el agarre del pezón, si se oyen ruidos al mamar, si las tomas se alargan y la ganancia de peso.

En los últimos años el diagnóstico de anquiloglosia y el corte del frenillo han aumentado de forma notable; ese aumento ha abierto entre los profesionales un debate sobre el sobrediagnóstico. No todo frenillo de aspecto corto produce una alteración funcional. Si la función es normal, basta con la observación, y la decisión de intervenir se apoya en un problema concreto que se haya manifestado, no en el aspecto.

Signos

No es necesario tenerlos todos a la vez.

¿Por qué ocurre?

  1. 01

    Consecuencia del desarrollo antes del nacimiento

    Mientras el bebé está en el útero, el proceso de separación de la lengua respecto del suelo de la boca no llega a completarse y el frenillo queda corto o grueso. Esto no depende de algo que se hiciera o se dejara de hacer durante el embarazo; esa es la respuesta a la pregunta sobre la culpa que más hacen las familias.

  2. 02

    Predisposición familiar

    La anquiloglosia puede verse en más de una persona de la misma familia. Si hay un frenillo parecido en los hermanos o en los padres, conviene valorar esa zona con más atención en la exploración del recién nacido.

  3. 03

    Localización y estructura del frenillo

    Que el frenillo esté cerca de la punta de la lengua y tenso limita más el movimiento; uno situado hacia atrás y laxo no suele producir molestias. Por eso la misma descripción de frenillo corto puede dar resultados muy distintos en dos bebés.

  4. 04

    Situaciones acompañantes poco frecuentes

    La anquiloglosia también puede verse como parte de algunos síndromes congénitos. En esos casos no queda como hallazgo aislado; hay además otros hallazgos que afectan al desarrollo del paladar, del labio o de la cara. Esa distinción la valora el pediatra.

¿Cómo avanza?

  1. 1

    Frenillo que no afecta a la función

    El frenillo se ve, pero la lengua llega al paladar y se desplaza hacia los lados. La lactancia y el habla no están afectadas. En este grupo no se recomienda intervenir; basta con la observación.

  2. 2

    Frenillo que dificulta la lactancia

    El bebé no consigue un agarre profundo del pezón, se oyen ruidos al mamar, las tomas se alargan y la ganancia de peso es lenta; la madre puede tener dolor y grietas en el pezón. Primero se busca la mejoría con apoyo a la lactancia.

  3. 3

    Frenillo que limita el movimiento de forma marcada

    La punta de la lengua se escota en forma de corazón al sacarla, la lengua no llega al paladar y no puede pasar por delante de los dientes inferiores. Puede resultar difícil limpiar los restos de comida y pronunciar algunos sonidos; es sobre todo en este grupo donde se plantea intervenir.

  4. 4

    Frenillo de localización posterior (oculto)

    No hay una membrana visible; la limitación está por debajo de la mucosa. Es el grupo cuyo diagnóstico resulta más discutido; la decisión no se apoya en la imagen de una sola exploración, sino en una valoración funcional repetida.

¿Cómo se trata?

La decisión en sí es el primer paso del tratamiento. En el bebé la valoración suele ser conjunta: el equipo que da apoyo a la lactancia y el pediatra siguen la alimentación, y el odontólogo valora el movimiento de la lengua y la estructura de la boca. No son pocos los bebés en los que el problema desaparece al corregir la postura y el agarre; en ese caso no se recomienda cortar el frenillo.

Si se decide intervenir, la técnica varía según la edad. En el recién nacido, un frenillo fino se libera con un corte pequeño y de poca duración, y el bebé puede alimentarse justo después. En el niño mayor y en el adulto, como el frenillo es más grueso, se realiza una intervención con anestesia local que requiere puntos. Durante la cicatrización se recomiendan ejercicios de movimiento de la lengua para reducir las adherencias.

Conviene hablar de las expectativas desde el principio. La intervención amplía el margen de movimiento de la lengua; no es esperable que en todos los niños los sonidos mejoren por sí solos y, si hace falta, se lleva a cabo además terapia del habla. Como pueden aparecer, aunque de forma poco frecuente, sangrado, infección y nuevas adherencias durante la cicatrización, no debe saltarse la cita de revisión.

No espere
  • Si el bebé no gana peso, moja pocos pañales o se agota antes de terminar la toma, debe consultarse esa misma semana.
  • El sangrado que no se detiene, la fiebre o el rechazo total del alimento después de la intervención no son hallazgos esperables.
  • Si el movimiento de la lengua se ha limitado más tarde, en la edad adulta, eso no se explica por la anquiloglosia; hace falta una valoración aparte.

¿Cómo se previene?

  • La anquiloglosia es congénita y no se puede prevenir; lo que sí se puede hacer es detectarla pronto y evitar intervenciones innecesarias.
  • Ante una dificultad con la lactancia, busque primero apoyo con la postura y el agarre; no todo problema de alimentación se debe al frenillo.
  • Antes de decidir, pida una valoración funcional; una decisión tomada mirando solo el aspecto del frenillo no se considera suficiente.
  • Si se ha intervenido, haga los ejercicios de lengua recomendados y acuda a la cita de revisión; durante la cicatrización pueden volver a formarse adherencias.

Preguntas frecuentes

¿Hay que cortar todos los frenillos linguales?
No. Una parte importante de los frenillos de aspecto corto no afecta a la lactancia, al habla ni a la limpieza de la boca; en ese caso basta con la observación. La intervención se plantea cuando existe un problema medible y después de haber establecido su relación con el frenillo. Ese es también el motivo por el que se discute el aumento del número de diagnósticos y de cortes.
¿El frenillo lingual es la causa de los trastornos del habla?
Pronunciar algunos sonidos exige que la punta de la lengua llegue al paladar, y una limitación marcada puede dificultarlo. Sin embargo, el retraso del habla tiene otras muchas causas; no es esperable que la intervención por sí sola corrija el habla. Conviene que la valoración se haga junto con un logopeda.
¿Hay una edad adecuada para la intervención?
No hay una única edad establecida. En los frenillos que impiden la lactancia la decisión puede tomarse en las primeras semanas; las intervenciones que se hacen por motivos de habla y de limpieza se planifican en la etapa en la que el niño puede colaborar. También puede realizarse en el adulto, y ahí el resultado que se espera es que se amplíe el margen de movimiento de la lengua.

Este contenido es informativo y no sustituye una exploración presencial. Los síntomas se solapan entre enfermedades; el diagnóstico solo puede hacerse clínicamente.

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