¿Qué es un injerto dental autógeno?
El injerto dental autógeno es un material de injerto obtenido del propio diente extraído del paciente. La dentina, que es el tejido duro del diente, tiene una estructura similar a la del hueso: ambas están compuestas en gran medida por colágeno y compuestos de fosfato de calcio. Esta similitud permite que la dentina procesada adecuadamente actúe como un soporte que sustituye al hueso.
El diente extraído se convierte en partículas durante la misma sesión mediante un dispositivo triturador especial, se sumerge en una solución de limpieza para eliminar las bacterias y se lava. El material obtenido se aplica al mismo paciente durante la misma sesión. Como el tejido pertenece al propio paciente, el sistema inmunitario no lo reconoce como extraño.
¿Cómo se aprovecha un diente extraído?
1. Preservación del alveolo: Después de extraer un diente, el hueso que lo rodea comienza a reabsorberse con el tiempo. Cuando la dentina procesada se coloca en el alveolo, contribuye a conservar el volumen óseo. Esto es importante en las zonas donde posteriormente se prevé colocar un implante.
2. Aumento del volumen óseo: En las zonas con una cantidad insuficiente de hueso, el injerto de dentina autógena puede utilizarse como material de injerto óseo. También puede emplearse en procedimientos como la elevación del suelo del seno maxilar.
3. Reparación de defectos de la encía y del hueso: Puede utilizarse para rellenar defectos óseos causados por una enfermedad periodontal o una infección.
4. Autotrasplante dental: En algunos casos, el propio diente extraído puede trasplantarse a otro espacio de la boca. El ejemplo más frecuente es colocar una muela del juicio que no se necesita en el lugar de un molar perdido.
5. Conservación del tejido pulpar dental: El tejido pulpar de la parte interna del diente contiene células madre, por lo que puede congelarse y conservarse en bancos de tejidos autorizados. No se trata de un tratamiento, sino de un procedimiento de conservación. Las enfermedades en las que podría utilizarse aún son objeto de investigación.
Cuál de estas opciones es adecuada depende del estado del diente. Los dientes con caries extensas, fracturas o infecciones pueden no ser aptos para todos los métodos.
¿Para quién está indicado?
La valoración puede plantearse en las siguientes situaciones: cuando se prevé colocar un implante en la zona del diente que se va a extraer, cuando se necesita soporte óseo en otra zona junto con la extracción de una muela del juicio, cuando existe un defecto óseo debido a una enfermedad periodontal, cuando se extrae un diente sano por motivos ortodóncicos o cuando hay un diente adecuado para trasplantarlo en el lugar de un molar perdido.
También existen situaciones en las que no es adecuado. La presencia de una infección activa en la boca, la fractura del diente durante la extracción, un deterioro avanzado del tejido dentinario o una enfermedad sistémica que afecte a la cicatrización ósea pueden limitar estos métodos. La decisión se toma después de la exploración clínica y las pruebas de imagen.
Proceso del tratamiento
1. Planificación: El diente que se va a extraer y la zona en la que se realizará el procedimiento se evalúan mediante radiografías y, cuando es necesario, tomografía tridimensional. En esta etapa se decide qué método es el más adecuado.
2. Extracción: El diente se extrae preservando el hueso que lo rodea. Se eliminan del diente los restos de empastes, coronas y tejidos blandos.
3. Procesamiento: El diente se convierte en partículas mediante un dispositivo triturador, se sumerge en una solución de limpieza y se lava. Esta etapa dura aproximadamente quince minutos.
4. Aplicación: El material preparado se coloca en la zona planificada, se cubre con una membrana cuando es necesario y se sutura la zona.
5. Cicatrización: Durante los primeros días, la hinchazón y el dolor leve son hallazgos esperados. La maduración del hueso avanza a lo largo de varios meses. En las zonas donde se prevé colocar un implante, este periodo se controla mediante revisiones.
