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Fármacos para la osteoporosis y el hueso de la mandíbula

Los fármacos que frenan la pérdida de hueso reducen las fracturas. También se asocian con un problema poco frecuente en la mandíbula. Aquí verá qué tamaño tiene ese riesgo y cómo se planifica el tratamiento dental.

EdiciónPapatya Dental27 de agosto de 20263 min de lectura

Qué hacen estos fármacos en el hueso

El hueso se renueva sin parar: se destruye tejido viejo y en su lugar se forma tejido nuevo. En la osteoporosis la destrucción va por delante de la formación y el hueso se adelgaza. Los bifosfonatos y el denosumab frenan esa destrucción, así que se conserva más hueso y las fracturas de cadera y de vértebras se vuelven menos frecuentes. Los mismos principios activos se usan en oncología, pero allí las dosis son mucho mayores y se administran por vena o en inyección. Casi todo lo que se cuenta sobre la mandíbula viene de ese terreno.

Por qué la mandíbula se trata aparte

Del hueso maxilar a las bacterias de la boca solo hay una capa fina de encía. Tras una extracción el hueso queda al descubierto un tiempo, y el alvéolo cierra únicamente si el hueso se renueva. Cuando esa renovación se enlentece, la cicatrización tarda más. En casos raros el alvéolo no llega a cerrar: una pequeña zona de hueso queda expuesta y se infecta. En odontología esto se llama osteonecrosis de los maxilares.

Las fracturas de cadera y de vértebras que estos fármacos evitan son frecuentes y pesadas en sus consecuencias, mientras que el problema de la mandíbula es raro. Poner ambas cosas en la balanza corresponde al médico que prescribe.

Qué tamaño tiene el riesgo

En quien recibe estos fármacos para la osteoporosis, la osteonecrosis de los maxilares aparece muy pocas veces y la gran mayoría no llega a verla nunca. En pacientes oncológicos, que reciben dosis mucho más altas, el cuadro cambia. Dar una cifra única induciría a error, porque el riesgo depende del principio activo, de la vía, del tiempo de uso y de las demás enfermedades. En la osteoporosis, la decisión de seguir suele tomarse mirando el riesgo de fractura.

  • Dosis altas por vena o en inyección, como en oncología
  • Muchos años de uso sin interrupción
  • Intervenciones que llegan al hueso: extracción, implantes, cirugía de encía
  • Enfermedad de las encías sin tratar o raíces infectadas
  • Corticoides, diabetes mal controlada, tabaco
  • Una prótesis removible que roza la encía y deja llagas

La revisión dental antes de la primera dosis

El momento más cómodo llega antes de empezar. Se empastan las caries, se retira el sarro y se trata la encía enferma. Los dientes que no se pueden salvar se extraen entonces, y hasta la primera dosis queda tiempo suficiente para que las heridas cierren. Si lleva prótesis, se revisa que no roce. Una vez empezado el tratamiento nada de esto resulta imposible, solo exige planificar con más cuidado.

Ir al dentista mientras toma el fármaco

Se sigue yendo. Empastes, tratamientos de conducto, coronas, limpiezas y revisiones habituales se hacen con normalidad, porque en ninguno de ellos se abre el hueso. Requieren atención las intervenciones que sí llegan al hueso: extracción, implantes y cirugía de encía. Cuando aparece una de esas intervenciones, el dentista habla con el médico que prescribió el fármaco, y el principio activo, el tiempo de uso y las otras enfermedades se valoran juntos. A veces se salva un diente que de otro modo se habría extraído. Diga en cada visita que toma este fármaco.

No deje el fármaco por su cuenta

Suspenderlo por una intervención dental devuelve el riesgo de fractura y tampoco cambia la mandíbula de un día para otro. Algunos principios activos quedan fijados en el hueso mucho tiempo y siguen actuando después de la última dosis. Hacer o no una pausa lo decide únicamente el médico que lo prescribió, tras hablar con el dentista. Y algo más: aunque lo dejara hace años, dígalo en una consulta dental a la que acuda por primera vez, porque puede que no figure en su historia.

Preguntas frecuentes

¿Puedo extraerme una muela tomando estos fármacos?

En la mayoría de las personas sí, y lo decisivo es la preparación. El dentista necesita saber el principio activo, cuánto tiempo lleva tomándolo y qué otras enfermedades tiene, y si hace falta habla con el médico que lo prescribió. La infección de la boca se calma antes y el alvéolo se vigila de cerca después.

¿Puedo ponerme un implante?

En el tratamiento de la osteoporosis suele poder plantearse, aunque la respuesta se estudia caso por caso. Cuentan el tiempo de uso, las demás enfermedades y lo limpia que se mantenga la boca. En pacientes oncológicos, con dosis mucho más altas, los implantes se suelen evitar.

¿Hay que hacer una pausa en el fármaco por el dentista?

Esa decisión no la toma el dentista solo ni la toma usted. En algunas situaciones el médico que prescribe valora una pausa corta; en la mayoría no se considera necesaria. Como suspenderlo devuelve el riesgo de fractura, la decisión se toma entre ambos profesionales.

¿Desaparece el riesgo al dejar el tratamiento?

No de inmediato. Algunos principios activos quedan fijados en el hueso mucho tiempo y siguen actuando después de la última dosis. En otro grupo el efecto baja más rápido. Por eso los fármacos que tomó en el pasado también forman parte de su historia dental.

¿La higiene de la boca cambia el riesgo?

De forma indirecta, sí. Cuantas menos caries y menos enfermedad de encías haya, menos dientes acaban en extracción, y cuanto menos se toca el hueso, menor es el riesgo. Por eso cuentan el cepillado dos veces al día, la limpieza entre los dientes y las revisiones.

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Papatya Dental

Este artículo se basa en la experiencia clínica del equipo de Papatya Dental y se revisa antes de publicarse.

Actualizado:
2026-08-27
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